Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que el mercado laboral mexicano enfrenta presiones significativas vinculadas a la desaceleración económica global y a la incertidumbre comercial, debido en parte a su estrecha integración con Estados Unidos y Canadá. El reporte ubica a México entre los países con niveles de informalidad laboral particularmente elevados, un rasgo estructural que limita la capacidad de generar empleos formales con protección social, lo que se vuelve más evidente cuando la creación de empleos decentes se desacelera.
La OIT también destaca que una gran proporción del empleo asociado al comercio intrarregional está expuesto a riesgos derivados de barreras comerciales y tensiones políticas, lo que puede traducirse en menor calidad de empleo, salarios reales más bajos y una mayor vulnerabilidad frente a cambios en las cadenas de suministro. Este contexto laboral, marcado por la elevada informalidad y la incertidumbre, afecta de forma directa a sectores productivos, incluida la industria manufacturera mexicana, que depende de empleos formales para sostener inversión, productividad y competitividad.
La generación de empleo formal y de calidad es un factor clave para la sostenibilidad de la productividad industrial. Más allá de crear plazas, es crucial elevar la formalización, desarrollar competencias laborales y disminuir la vulnerabilidad del empleo frente a cambios externos para consolidar encadenamientos productivos e inversiones estructurales.
¿Cómo podrían las empresas industriales mexicanas integrar estrategias de mejora de habilidades y formalización laboral para fortalecer la competitividad y la calidad del empleo en un contexto de incertidumbre comercial?
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