México y Estados Unidos han acelerado acuerdos preliminares en sectores estratégicos como acero y automotriz, previo al inicio formal de la negociación del T-MEC. Ambos países buscan resolver tensiones arancelarias antes de entrar a la fase estructural del tratado, particularmente en industrias afectadas por medidas como la Sección 232. Se estima que el acero mexicano enfrenta aranceles de hasta 50%, mientras que el sector automotriz mantiene cargas cercanas al 25%, lo que ha impactado exportaciones y producción en el corto plazo.
Este enfoque responde a una lógica de contención: reducir conflictos sectoriales antes de discutir cambios más amplios en reglas de origen y cadenas de suministro. Expertos sostienen que el objetivo es evitar que las negociaciones formales —programadas para la semana del 25 de mayo— se vean condicionadas por disputas inmediatas. Algunas fuentes indican que México busca eliminar aranceles vigentes, mientras Estados Unidos presiona por ajustes que refuercen su seguridad económica y limiten la entrada indirecta de productos de terceros países.
La estrategia de negociar sectores clave antes del proceso formal puede facilitar acuerdos rápidos, pero también segmenta la discusión del tratado. Resolver conflictos por separado podría generar desequilibrios en la negociación integral. Una alternativa viable radica en integrar estos temas dentro de una visión sistémica del T-MEC, donde acero, autos y reglas comerciales se analicen como parte de una misma estructura productiva regional.





