La industria manufacturera mexicana atraviesa una etapa de contracción impulsada por una combinación de altos costos operativos, debilidad en la demanda y problemas logísticos. Datos recientes del índice PMI de S&P Global indican que el sector acumuló ocho meses consecutivos de deterioro, con afectaciones en producción, ventas y empleo.
El incremento en costos energéticos, transporte y materias primas ha reducido márgenes de rentabilidad en distintos segmentos industriales. Expertos sostienen que la inseguridad carretera y los retrasos logísticos también han comenzado a impactar la estabilidad de las cadenas de suministro, generando incertidumbre operativa para fabricantes y exportadores.
El escenario evidencia que la competitividad industrial ya no depende exclusivamente de la inversión extranjera o la capacidad exportadora. Factores internos como la seguridad, la infraestructura y el dinamismo del consumo se han convertido en variables decisivas para sostener la actividad manufacturera. El riesgo no se limita a una desaceleración temporal sino a que la presión acumulada reduzca la capacidad productiva y frene el desarrollo de nuevos proyectos industriales.





